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Inversor Global - Newsletter Semanal de Inversiones

IG Invest News / Martes 15 de mayo, 2012

Cuestionando las verdades absolutas

No deberíamos tomar nada como seguro


Federico Tessore

Fue un fin de semana donde nada quedo en pie. Todo fue cuestionado, todo fue puesto a prueba. Pero lo más importante, dos días donde el debate constructivo fue la regla y donde las personas que tenían posiciones antagónicas se esforzaban por entenderse y comprenderse. Enfrentamiento cerrado versus diálogo constructivo.

Reportando desde San Pablo, Brasil

En el reporte del sábado pasado hacía una “broma” respecto a que había viajado a San Pablo a tener un poco de aire fresco y salir de los problemas que nos preocupan en el día a día de los argentinos. Pero la realidad, es que esta premonición se convirtió en realidad.

Participé del tercer Seminario de la Escuela Económica Austriaca que se dio en San Pablo el sábado y domingo pasado. Si bien no iba con muchas expectativas, quedé totalmente sorprendido por el nivel de debate que se dio en el congreso y las actividades que lo rodearon.

Se cuestionó absolutamente todo lo que como inversores tomamos como verdades absolutas. Desde la suerte del dólar y el euro, la conveniencia de invertir en los mercados emergentes, el efecto de la loca emisión monetaria que se da en todo el mundo, el futuro del oro, de la intervención del Gobierno en la economía, del impacto del nuevo mundo digital sobre la economía global, de la conveniencia o no de que existan los derechos intelectuales y mucho más.

Soy consciente que es mucho más cómodo no meterse en esos terrenos, no tratar de cuestionar las “verdades absolutas”. Es más cómodo estar seguro de algo y no cuestionarlo. Pero el ejercicio de pensar con mente abierta esos temas es apasionante.

Y lo más apasionante es presenciar esos fuertes debates que se dan entre pensamientos opuestos. Ver cómo cada parte se exige al máximo a entender la posición del otro y cómo mediante el dialogo se llegan a conclusiones superadoras.

Pero vamos a hechos concretos. Compartí varias comidas y charlas con Jeffrey Tucker, una persona fantástica con una posición muy fuerte a favor del libre mercado y en contra de los Estados. Muchos lo consideran un anarcocapitalista. No estoy completamente de acuerdo con todas sus opiniones, pero le confieso que me dejó pensando en muchas cosas que nunca siquiera me había animado a cuestionar.

Una de sus charlas estuvo focalizada en un fuerte ataque a los “derechos intelectuales”. Jeffrey afirma que estos derechos protegidos por el Estado no debieran existir.

Por ejemplo, sostiene que tendría que ser totalmente legal grabar y vender películas o regalar música. También está en contra de las patentes farmacéuticas que inflan los precios de los medicamentes y los hacen inaccesibles a la mayoría de la población. Y también cuestiona la protección de las marcas y la imposibilidad de usar logos de empresas grandes como Nike o Adidas.

Le parece horroroso que personas vayan presas porque comparten archivos por internet o porque se bajaron música en forma ilegal como está pasando en Estados Unidos y como está pasando en Argentina en casos como los sitios web Taringa y Cuevana. En su opinión estas personas no están haciendo nada mal.

Lo paradójico es que el discurso de Tucker, capitalista y defensor de la libertad total de las personas,  a priori puede parecer que está protegiendo a los empresarios. Pero es todo lo contrario, con estas ideas Tucker obliga a los emprendedores y empresarios a salir de su zona de confort y a esforzarse a hacer dinero sin protecciones del Estado. Y defiende la posibilidad de acceder a todos estos bienes intangibles con libertad y con precios infinitivamente menores para la población.

Piense lo que está pasando hoy con el mercado de la música. Los músicos y cantantes no hacen más dinero vendiendo discos y tienen que encontrar formas alternativas como dar recitales u organizar eventos. ¿Esto está mal?

Tucker mencionó al mercado de la moda como un ejemplo de un mercado que funciona muy bien sin protección de la propiedad intelectual. Piense, en los desfiles de moda las marcas muestran sus nuevos modelos al mundo. Y en el instante esos modelos se pueden copiar por cualquiera. No hay una prohibición de replicar un determinado estilo de vestido. Hay libertad absoluta en ese sentido. Y a pesar de esto el mercado funciona y muy bien.

El tema da para profundizar mucho más, aunque en este momento sólo quería mencionarlo brevemente.

Ahora veamos otras “verdades absolutas” cuestionadas en la conferencia.

Peter Shiff es una personalidad en el mundo de las inversiones en Estados Unidos por haber predicho la explosión de la burbuja inmobiliaria de 2008 en Estados Unidos. También un extremista en sus opiniones, una adherente a la escuela austriaca de economía y defensor del libre mercado.

Puede ver un resumen de sus predicciones en un video llamado “Peter Shiff tenía razón” donde se muestran sus opiniones en participaciones en canales de televisión norteamericanos diciendo que la burbuja inmobiliaria iba a explotar. Como siempre pasa, en un primer momento era tratado como un loco, pero luego de la explosión que efectivamente se produjo ganó respeto y autoridad.

Shiff es un convencido de que la próxima burbuja a explotar es la de la deuda norteamericana. En su discurso y charlas recuerda que Estados Unidos es el mayor deudor del mundo, con cifras de muchísimos ceros de deuda y una incapacidad total de repagarla. Él no cree en la posición principal de los economistas norteamericanos que dicen que no va a haber inflación en Estados Unidos porque cuando haya amenazas de este tipo el Gobierno va a subir las tasas de interés para contenerla.

Shiff, en cambio, afirma que como consecuencia de la deuda tan alta que tiene Estados Unidos nunca va a poder subir la tasa de interés porque simplemente no va a poder pagar los intereses de su deuda si esta tasa sube. Por lo tanto, el único camino que le queda a Estados Unidos es la alta inflación primero y la hiperinflación después. O, directamente, su cesación de pagos, es decir, la imposibilidad de repagar sus bonos.

Dos situaciones que nosotros como argentinos conocemos muy bien pero que sin duda sorprenden pensar que puedan suceder en Estados Unidos. A pesar de eso, esta posición es la que menos me sorprendió de la conferencia ya que nosotros desde InversorGlobal hace meses decimos que el dólar tarde o temprano va a perder mucho valor. Y que no puede ser considerado más como una moneda para proteger nuestros ahorros.

Pero escuchar esto de especialistas como Shiff no deja de impactar.

El dólar va a caer. Entonces, ¿qué moneda acumular? ¿Euros?

Philipp Bagus, autor del libro La tragedia del euro que está haciendo furor en Europa, dice que no. Philipp es alemán, pero es profesor en una universidad española, así que habla muy bien español.

Él afirma que el euro está condenado al fracaso.

En su disertación mostró cómo los Gobiernos europeos tienen fuertes incentivos a emitir y a generar cada vez más deuda y déficit fiscales. Mostró como Alemania es el único país que produce y es eficiente y la manera en que financia las ineficiencias de países como Francia y España. Y mostró como la crisis de Grecia se puede replicar en muchos otros países.

Bagus afirma que Alemania tiene fuertes incentivos económicos para dejar el euro, pero que al mismo tiempo tiene fuertes incentivos políticos para mantenerlo a flote. No habló sobre cuál es la salida a este problema, para eso hay que leer el libro, que espero poder leer en breve y compartir con usted la conclusiones, pero sí se mostró convencido que no hay una salida fácil para esta situación.

El empresario brasilero Helio Beltrao fue el organizador de esta gran movida. Helio es uno de los grandes empresarios de Brasil y es accionista y miembro del consejo de administración del Grupo Ultra, uno de los grupos empresarios más fuertes de Brasil. Y además es el fundador del Instituto Mises de Brasil. Sorprendentemente, Helio se mostró muy preocupado por el futuro brasileño. La alta emisión que el Gobierno está realizando, las bajas de las tasas de interés y la creciente inflación son una amenaza para el crecimiento brasileño, según Helio.

Más allá de ello, lo paradójico es que difundiendo estas ideas Helio en realidad está atacando la rentabilidad de su empresa, ya que si todos los postulados de la escuela austriaca se cumplen, es mucho más difícil hacer dinero para los empresarios. Esto, porque ya que nada los va a proteger, nada los va a contener para ayudarlos a lograr ganancias fáciles. Se tendrían que someter a las crueles reglas del mercado. 

Ahora, luego de toda esta gran descripción apocalíptica del mundo, usted como inversor se preguntará… ¿entonces, qué hacer? ¿Dónde invertir?

Bueno, la respuesta no es fácil ni tampoco existe una respuesta única. Lo que sí le puedo decir es que, en mi opinión, hay dos cosas seguras:

1 – El oro va a ser una muy buena inversión en la próxima década. Es simple la lógica detrás de esta suposición. Estados Unidos y Europa son una máquina de emitir nueva moneda, dólares y euros. Países emergentes como China y Brasil están llenos de dólares en sus reservas. ¿Dónde van a proteger sus activos cuando la inflación comience en Estados Unidos? Sin lugar a dudas no van a acumular dólares ni euros. Van a buscar monedas o bienes que no pierda valor. Y el oro es una elección natural. Y cuando esto pase, el oro va a saltar de precio de una manera descomunal.

2 – Luego de este festival de intervencionismo que los Gobiernos de todo el mundo están realizando sobre las economías, algo que pasa no sólo en Argentina sino también en Europa y Estados Unidos, estoy convencido de que el libre mercado va a volver al mundo. Nadie sabe cuándo ni cómo, pero el mundo se mueve por ciclos. Hoy estamos en un ciclo donde se buscan Estados fuertes e intervencionistas donde se afirma que el mercado y el capitalismo son la fuente de todos los males.

Lo concreto es que, viendo lo que está pasando, soy un convencido de que esta experiencia va a terminar mal en todo el mundo. Y como un péndulo, las preferencias seguramente sean tarde o temprano volver a las fuentes de la libertad económica y de comercio.

Sé que esta idea puede ser muy mal vista por la mayoría de los lectores que estén leyendo hoy esta columna. El libre mercado hoy tiene muy mala prensa. Es visto como la fuente de todos los males. Ojo, esto no sólo pasa en la Argentina, es un fenómeno mundial. Aunque en Argentina esta visión es aún más profunda. Sin ir más lejos, en nuestro país el liberalismo y el libre mercado se lo asocian con la década menemista y hasta con la nefasta época de los militares.

En mi opinión esto es equivocado. En ninguna de estas épocas se aplicó un sistema de libre mercado sino que se trató de intentos parciales y mal aplicados, que dieron malos resultados. Pero no por las llamadas “fallas de mercado”, sino en realidad por las fallas de los gobernantes.

Yo tengo la sensación de que un capitalismo y libre mercado bien aplicado termina favoreciendo más a la población en general y mucho menos a los empresarios que van a encontrar fuerte competencia y un fuerte límite a sus ganancias. Aunque sé que esto es una afirmación “políticamente incorrecta”…

Y sé que el tema da para debatir largo y tendido. Mi intención en esta columna es simplemente disparar el debate. Proponerle que se tome la licencia de darse ese debate en su mente. De cuestionarse, sin miedos ni prejuicios las “verdades absolutas” que nos autoimponemos o que nos imponen. Permítase dudar.

Y, por favor, no me escriba un email insultándome y diciendo cosas como que soy un defensor de los ricos, un defensor de militares o un fanático de los 90. No lo soy, quiero un país justo y próspero igual que usted. Sin embargo, más allá de eso, mi propuesta es que salga de esa lógica perversa y absoluta. Permítase cuestionarse, dudar, ponerse a prueba. De la duda y las incomodidades salen las grandes cosas  de nuestro mundo.

Le deseo una buena semana de inversiones,

Federico Tessore
Para Inversor Global

Sama

Se escribe el epitafio para el dinero en efectivo

Tendencias del capitalismo avanzado

Felipe Ramirez
Felipe Ramírez

En Canadá ya no existe más el centavo y en Suecia ya es, del todo, muy difícil encontrar billetes o monedas. En qué afecta (o no) la presencia o ausencia del contante y sonante.

En marzo de este año Canadá cortó por lo sano y decidió eliminar su moneda de un centavo. Aunque el metal aún es válido si uno quiere comprar algo, los comercios deberán ir entregando lo que vayan recibiendo al Royal Canadian Mint, la casa de moneda canadiense. Y, tal como en Argentina, redondear los vueltos a 5 centavos cuando den cambio. A esto se suma que en el largo plazo la Royal Canadian Mint espera remplazar otras monedas y billetes por una moneda digital denominada MintChip. Según indica el Toronto Star, “a la larga, el MintChip permitirá a la gente realizar pagos utilizando directamente sus smartphones, dispositivos USB, computadoras, tablets e incluso a través de la nube de internet. La moneda digital será anónima y servirá para buena parte de las transacciones pequeñas, tal hoy funciona el efectivo”.

Aunque muchos la consideran sin sentido, o incluso una broma, la competencia para desarrollar software para Mintchip atrajo a 500 solicitantes en cuatro días. Mientras tanto, Barclays ya ha desarrollado un sistema en Gran Bretaña denominado PayTag, que permite a sus usuarios realizar pagos pasando una calcomanía colocada en sus celulares por un lector. Sería el sentido contrario del escaneo de código que uno hace con un smartphone y que de a poco gana terreno en Argentina.

A la hora de preguntarnos los porqués, el gran motivo son los costos. Según el Gobierno canadiense, el costo de producir cada nueva moneda de un centavo es de 1,6 centavos. Y la inflación acumulada también produce su impacto, ya que el centavo hoy sólo retiene una vigésima parte de su adquisitivo original, y en términos prácticos es poco lo que sirve. Para muchos canadienses, recibir monedas de un centavo es más que nada una molestia.

El economista Stephen J. Dubner destacó en su blog Freakonomics que una vez que se toman en cuenta los costos de los bancos de manejar todas esas monedas de baja denominación, el centavo se convierte en una carga aún más pesada. En 2006, el manejo del centavo le costó a la economía canadiense cerca de US$ 150 millones, según el banco quebequense Desjardins. “Sólo los grandes bancos de Canadá manejan más de 9 mil millones de centavos por año, lo cual implica un costo de US$ 20 millones anuales en procesamiento”, dice Dubner.

Entonces el razonamiento de por qué seguir manteniendo el dinero en efectivo gana terreno. David Wolman, que escribe en The Wall Street Journal, cree que por extensión todo el dinero en efectivo debería desaparecer. “En una era en la cual los libros, las películas y la música se están convirtiendo de átomos a bits, los billetes y los trocitos de metal redondo cuyo costo de producción y transporte aumenta dejan de tener demasiado sentido”, plantea.

Otros ejemplos

Aunque Estados Unidos no ha seguido el ejemplo canadiense, de todos modos ha reducido los costos de acuñar moneda cambiando el contenido del metal (principalmente, sacando níquel y cobre) de las monedas más pequeñas. Sin embargo países como Israel, Brasil, Australia y los países escandinavos ya no tienen un equivalente al centavo. En Argentina, aunque el centavo aún es una moneda de curso legal, es casi imposible ver una en ningún lado y la ley del consumidor dice que ante la imposibilidad de entregar cambio por montos inferiores a 5 centavos, la diferencia debe ser redondeada a favor del consumidor.

Esto no siempre es así, pero eso es otra historia.

Y muchos Gobiernos también están haciendo que sea más difícil pagar en efectivo. Francia, Grecia y España han puesto límites máximos al tamaño de las transacciones en efectivo a fin de evitar la evasión impositiva y lavado de dinero. Por ejemplo, las leyes contra el lavado de dinero, introducidas en Gran Bretaña en 2003 hacen que sea más difícil pagar en efectivo cualquier cosa por encima de las 10 mil libras. Sin embargo, ningún país ha llegado tan lejos como Suecia.

En el país escandinavo, actualmente sólo cerca del 3% de las transacciones se hacen en efectivo. En la mayoría de las ciudades los baresno aceptan efectivo y los tickets del transporte se pagan con anticipación o se compran mediante mensajes de texto. Y ya hay oficinas de bancos (que ganan dinero mediante las comisiones que cobran por las transacciones electrónicas) que han dejado de manejar dinero en efectivo del todo. Esto lleva a pensar que en Suecia de acá a 20 años las monedas y los billetes dejarán de existir. Sin embargo, no todos están contentos con esta tendencia. Los jubilados, que tienden a realizar muchas transacciones pequeñas, se quejan de que les han complicado la vida. Algunos negocios pequeños también expresan su descontento acerca del nivel de los costos de las tarjetas de crédito aplicados por los bancos. Aunque el número de robos bancarios ha caído, “los casos de fraude computarizado, incluidos los casos de desvío de fondos o skimming, se sextuplicaron en la última década, de poco más de 3.300 en 2000 a 20 mil en la actualidad”.

De todos modos, las tarjetas de crédito y los sistemas de pago online, como PayPal u otros, no han logrado eliminar el entusiasmo por el papel moneda. Aunque el rol del dinero en efectivo en la masa monetaria de la mayoría de los países desarrollados ha decaído, sigue siendo importante. Según datos de la Reserva Federal, la cantidad de moneda física en Estados Unidos circulando por fuera de los bancos ha aumentado un 7% por año desde 1959, hasta alcanzar 1 billón de dólares, y el Banco de Inglaterra estima que 61.800 millones de libras están circulando en billetes y monedas entre negocios y consumidores.

Sin embargo, el efectivo tiene sus defensores. Eric Wen cuenta en la revista estadounidense The New Republic que un estudio sobre el comportamiento de los minoristas reveló que entre 60% y 93% de las transacciones se redondearían en su disfavor, lo cual le costaría a los consumidores estadounidenses cerca de US$ 600 millones por año. Y dado que son los pobres quienes tienden a utilizar más el dinero en efectivo, son ellos quienes llevan la mayoría de ese peso. Además, la gente que confía en el dinero físico tiende a rechazar la deuda. Business Week destaca que “los italianos son los consumidores menos endeudados de la región del euro y están dentro de los ahorristas más grandes”, según datos de la oficina de estadísticas de la Unión Europea, Eurostat. Esta frugalidad está relacionada a la falta de confianza en los pagos que no se realizan en efectivo. Según el Banco de Italia, país donde una protesta popular forzó al Gobierno a eliminar el límite de 1.000 euros que había puesto para las transacciones en efectivo, los titulares de tarjetas de crédito realizan en promedio sólo 26 transacciones con sus tarjetas cada año, cinco veces menos que sus pares de Gran Bretaña.  

Los defensores del papel, como Martin Vander Weyer de The Daily Telegraph, también apuntan a la seguridad, el anonimato y la disciplina del dinero en efectivo. “Los billetes y las monedas de los bancos tienen una utilidad, un simbolismo y una significancia que no deberíamos apurarnos a dejar: salvemos al billetes antes de que sea muy tarde”, dice.

En Argentina, si bien no contamos con estadísticas oficiales, estimamos que el consumidor poseedor de tarjetas está más cerca del inglés que del italiano. Pero al mismo tiempo las grandes transacciones, sobre todo la compra-venta de inmuebles, no sólo se siguen haciendo en papel moneda, sino que ni siquiera se en moneda local.

Una nueva paradoja argentina.

Saludos.

Felipe.

Sama Agro

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